El tren de las 3:10

Delmer Daves fue un autor esencial en la renovación del western a partir de los años 50. Su obra demuestra madurez y complejidad y supone aportaciones significativas al western, además de al cine noir. Una de las películas que muestra mejor la fusión entre los dos géneros cinematográficos es “El tren de las 3:10”, un western de inspiración noir. El filme se estrenó en 1957 con el título original de 3:10 to Yuma y está basado en una historia corta de Elmore Leonard escrita en 1953. En 2012, fue seleccionada para su preservación en el Registro Nacional de Filmes por la Biblioteca del Congreso debido a su importancia cultural, estética e histórica. La película trata sobre un granjero que toma la arriesgada decisión de llevar a un forajido de mala fama ante la justicia.

 

José Antonio Jiménez de las Heras destaca de la película: “Uno de los aspectos es la cierta ambivalencia moral entre mundo del bien, el del granjero interpretado por Van Heflin; frente al mundo de la criminalidad, liderado por el grupo del personaje de Glenn Ford, Ben Wade”. Como peculiaridad, que se da en pocos westerns, el mundo oscuro es más atractivo que el bueno, además de ser mucho más complejo que este último.

 

Jiménez de las Heras elogia la cuidada estética del film, rodado en blanco y negro, en el que predomina el gris, que refleja la complejidad moral del mundo que retrata.

El utilizado es un estilo visual poco habitual en el western y típico de Delmer Daves. Es propia del director la utilización de la grúa para marcar a los personajes en el paisaje.

 

Aunque parte de la acción transcurre en un espacio reducido, una habitación de hotel, Daves consigue “dramatismo y profundidad entre los dos hombres protagonistas. El retrato de Ben Wade es muy complejo tratándose de un antagonista. Por otro lado, el granjero debe ser capaz de mitigar la fascinación que siente por Ben Wade. A lo largo de la película, empiezan a conocerse y a comprenderse”.

 

“’El tren de las 3:10’ muestra una evolución entre tratamiento cinematográfico, en el tratamiento de los temas y en la apuesta estética” concluye Jiménez de las Heras.