Los días 26 y 27 de noviembre, la Plataforma de Divulgación Científica de la UCM, junto al GIDAC (Grupo Internacional de Divulgación Audiovisual) y el Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad II de la Facultad de Ciencias de la Información, organizó las Jornadas Homenaje a Louis Malle, con el motivo del vigésimo aniversario de la muerte del cineasta y documentalista francés. En ellas se tuvo el privilegio de contar con la presencia de Alexandra Stewart, actriz sus films El fuego fatuo y El unicornio, y pareja del director, con quién tuvo una hija, en los años setenta.

Las jornadas contaron con la intervención, en conferencias y mesas redondas, del profesor y crítico de cine Antonio Castro, del historiador de cine Emilio García Fernández, y de los coordinadores del seminario, Mar Marcos, Ricardo Jimeno y José Antonio Jiménez de las Heras, a la sazón director de la Plataforma de Divulgación Científica. A lo largo del jueves y el viernes se proyectaron algunos de los títulos más relevantes del cineasta, como la citada El fuego fatuo, Lacombe Lucien, Atlantic City (id., 1980) y un capítulo de su serie documental L’Inde fantôme. Así mismo, resultaron de gran interés el análisis individualizado de las películas expuestas y los debates, en los que se puso de manifiesto la relevancia de las miradas de los personajes, seña de identidad del cine de Malle.

Es casi imposible que las películas de Louis Malle dejen indiferente al espectador. La grandeza de su obra está hecha a base de una combinación de realismo junto con un  espíritu de rectitud profesional y el ímpetu sentimental del propio Malle. En una ocasión, el director francés declaró: “El cine, siendo un arte abierto, necesita apoyarse en la realidad. Cuando la realidad me afecta, tengo ya la historia”. La soledad, la marginación, la necesidad de afecto y la angustia sin salida se convierten en elementos característicos de sus personajes solitarios. García Fernández manifestó, por ejemplo, que era un director atípico, que afrontó temas comprometidos e intentó hacer su propia trayectoria: “Se planteaba ver la vida y reflexionar sobre ella”, añadió. Aunque coetáneo de la Nouvelle Vague y con características compartidas en su afán de renovación del lenguaje, Malle nunca se inscribió en este movimiento.

Por la tarde, la Decana de la Facultad de Ciencias de la Información, Carmen Pérez de Armiñán presentó a la actriz Alexandra Stewart. La que fuera una de las intérpretes más bellas de la nueva Nueva Ola, recibió un homenaje de la Facultad, y derrochando ironía y anécdotas varias explicó la suerte que tuvo al ser escogida por Louis Malle para el papel de Solange en El fuego fatuo. La película  trata sobre el último día de la vida del protagonista y es una de las películas favoritas del público de Louis Malle, según contó Stewart. La actriz apuntó que el protagonista de El fuego fatuo, interpretado por Maurice Ronet, y reflejo del propio Malle, fue un personaje en el que el director volcó su ser y su personalidad, casi de forma obsesiva, hasta el punto de que fueron los ayudantes de dirección, Philippe Collin y un joven Volker Schlöndorff, los que la indicaron como debía ejecutar su rol, la antítesis gélida y bella de la angustia del personaje, o la representación de la vida de la que se aleja al final del film.

Con motivo del XX aniversario de la muerte del gran cineasta francés Louis Malle, el GIDAC (Grupo Internacional de Divulgación Audiovisual), la Plataforma de Divulgación UCM y el Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad II organizamos las Jornadas Homenaje a Louis Malle los días 26 y 27 de noviembre en el Salón de actos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (Av. Complutense s/n, Ciudad Universitaria, Metro Ciudad Universitaria, Buses: 82, 132, G, U), a las que te invitamos a asistir. Te adjuntamos el cartel de las Jornadas y el programa completo detallado.

Además es una alegría para nosotros poder contar dentro del programa, el jueves 26 de noviembre a partir de las 16:30, con la intervención de la actriz Alexandra Stewart, musa de la nouvelle vague, que presentará la película El fuego fatuo (1963), en la que trabajó a las órdenes de Louis Malle. La mítica intérprete, que en su larga carrera ha intervenido en películas de François Truffaut, Otto Preminger, John Huston, Jean-Luc Godard, Roman Polanski o Arthur Penn, entre otros, participará en un encuentro con los asistentes posterior a la proyección a partir de las 19:00.

Nuestra actividad está abierta a todo el público.

Para los estudiantes interesados, la asistencia a las jornadas permite la obtención de 1 Crédito ECTS, para lo que hay que inscribirse gratuitamente escribiendo a este mismo correo (plataforma.ucm@gmail.com)

Esperamos tu asistencia

Los días 13 y 14 de noviembre tuvo lugar en la capital española la 40ª Conferencia Internacional de Apoyo y Solidaridad con el Pueblo Saharaui. Unas fechas significativas que coinciden con los “vergonzosos” Acuerdos Tripartitos de Madrid, como fueron calificados  en numerosas ocasiones durante el encuentro.

Delegaciones de más de 20 países, parlamentos autonómicos, ayuntamientos, y diversas organizaciones políticas y sociales, entre otros muchos, han querido apoyar la causa reivindicando la necesidad urgente del referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui. Un pueblo oprimido y cansado de esperar su libertad y de exigir  responsabilidades mientras se siguen vulnerando sus derechos. Sin embargo, a pesar de que la comunidad internacional no lo considere su prioridad y de que la agenda mediática se muestre pasiva, son hombres y mujeres fuertes que no se van a rendir hasta conseguir justicia. Y es precisamente por esto, por lo que se ha realizado esta conferencia, para hacer un llamamiento sobre la gravedad de la situación y advertir que se trata de una misión impostergable. Pero también este acto ha sido una muestra a la población saharaui de que no están solos,  de que cuentan con el soporte de numerosas instituciones y organismos que seguirán ayudando por conseguir una solución justa.

Tras el grito “Marruecos culpable,  España responsable”, dio comienzo la sucesión de las intervenciones de representantes políticos y organismos con el lema común: “Viva el Sáhara libre”. Se reiteró la necesidad de que el pueblo saharaui tenga la oportunidad de decidir libremente sobre su futuro y recupere su libertad, su dignidad y su independencia. En este encuentro, se mostraron muy críticos ante la inactividad internacional y han enfatizado  que la solidaridad ya no es suficiente. Por ello, se subrayó la necesidad inmediata de que España y las Naciones Unidas asuman responsabilidades políticas, históricas y morales. A este respecto, Cándido Méndez, Secretario General de la UGT, manifestó: “La ONU tiene ahora una oportunidad para recuperar su credibilidad”.

Desde Comisiones Obreras, también quisieron expresar la solidaridad  y el apoyo a la población saharaui, que desgraciadamente se enfrenta además a las terribles inundaciones vividas hace unas semanas. “Son calamidades sobre calamidades, iniciadas hace 40 años por el régimen franquista, que abandonó a la población saharaui a su suerte, a la desgracia de la ocupación”, señaló rotundamente Fernández Toxo, Secretario General de CCOO.

Mohamed Abdelaziz, Presidente de la República Saharaui y Secretario General del Frente Polisario, quiso recordar la situación vivida por el pueblo saharaui: “Cuarenta años de lucha y de continuo empeño por una causa noble, cuyos valores son la defensa de la libertad, la justicia, la dignidad humana, la paz y el apoyo a un pueblo oprimido, para el cual las fuerzas coloniales habían asignado una suerte de ocupación, destierro y genocidio”. “Las Naciones Unidas ostenta la responsabilidad de acabar con el último vestigio de colonialismo en África”, afirmó.

El delegado del Frente Polisario de la Comunidad de Madrid, Abdala Larabi, mostró su deseo de que la conferencia suponga un antes y un después en la política exterior española en vísperas de las elecciones generales y  con las siguientes palabras expresó: “Es una conferencia muy especial para nosotros, que coincide con 40 años del abandono, del exilio, del  refugio, y también  de la lucha y resistencia de un pueblo que sigue aguantando y mirando hacia el futuro”. 

El presidente de la Conferencia Europea de Apoyo y Solidaridad con el Pueblo Saharaui,Pierre Galand, señaló el hecho de que se trata de “una cuestión de compromiso por una causa justa”. Quiso subrayar que estamos ante un grave problema de violación de derechos humanos, ante el cual los europeos prefieren cerrar los ojos.

El director General de Servicios Sociales de la Comunidad de Madrid, Pablo Gómez, señaló: “todos deseamos una solución pacifica, digna para una situación que se prolonga demasiado tiempo. No más violaciones de los derechos humanos para el pueblo saharaui; no más intransigencia”. Por su parte, Fernando Maura, candidato de Ciudadanos al Congreso, quiso lanzar un mensaje de esperanza al pueblo saharaui.

Ignacio Murgui, segundo teniente alcalde del Ayuntamiento de Madrid, habló de un “abrazo entre pueblos” que debe expresarse a través de los representantes políticos e instituciones. Quiso finalizar con el hecho de que Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, y parte de su equipo de Gobierno habían recibido ese mismo día al Presidente de la República Saharaui en el ayuntamiento. “Un encuentro donde hemos hablado de la situación de los derechos humanos y de la deuda histórica que tiene el pueblo español con el pueblo saharaui así como de  la situación que viven los presos saharauis en las cárceles de Marruecos”, añadió Murgui.

También Alberto Garzón transmitió su compromiso desde Izquierda Unida con la lucha del pueblo saharaui. Exigió la liberación de los presos políticos por parte de Marruecos y denunció el expolio de recursos naturales, reivindicando su pertenencia al pueblo saharaui. “Es una lucha de dignidad, de todos nosotros”, acentuó el Secretario de IU.

Al día siguiente tuvo lugar un acto organizado por la Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS-Sáhara). Miles de personas, que condenaron los recientes atentados de París ondeando banderas saharauis y francesas, acudieron a esta manifestación en defensa de los derechos humanos por la lucha y la libertad de la población saharaui.

El Museo Thyssen en colaboración con el Munch-museet de Oslo, presenta la primera

retrospectiva en décadas de Edvard Munch (1863-1944), uno de los mayores exponentes del

Expresionismo. En esta exposición, podemos apreciar las obras de Munch distribuidas por

temáticas que se encuentran en la obra del artista. Estos temas se corresponden o están

relacionados con los sentimientos, lo más profundo del ser humano. Las categorías en las que

se enmarca la exposición son Melancolía, Muerte, Pánico, Mujer, Melodrama, Amor,

Nocturnos, Vitalismo y Desnudos. En los temas más dramáticos, Munch utiliza una pincelada

más gruesa y menos dinámica. En los más alegres, la pincelada fluye y es más libre.

En 1893, el pintor terminó la serie de pinturas tituladas: Frieze of Life—A Poem about Life, Love

and Death (El fresco de la vida – Un poema sobre la vida, el amor y la muerte). Varias de las

obras que conformaban esa serie se encuentran en esta exposición, como La niña enferma y

La tormenta. Munch no buscaba la representación figurativa de las personas ni de los paisajes,

sino lo que le transmitía aquello que pintaba.

La importancia del ser humano en la obra de Munch es innegable, siempre en consonancia con

la naturaleza y sus paisajes. Durante su vida, repitió temas realizando variaciones en cada

cuadro; como revisitando las escenas.

En la muestra podemos encontrar xilografías que Munch realizaba antes del cuadro final. En

los grabados vemos el trabajo previo que realiza el autor y los cambios entre el grabado y la

obra final. En esta exposición, destacan las variaciones de El beso, que se encuentran al lado

del cuadro de 1893.

En muchas pinturas se encuentra la dualidad entre la mujer joven, que representa la luz, lleva

el pelo suelto, que viste de blanco; en oposición a la mujer mayor, que representa la oscuridad,

lleva el pelo recogido y viste de negro. Son alegorías de vida y muerte que Munch nos muestra

en obras como Dos mujeres en la orilla y Madre e hija. Otro tipo de mujer que se repite es la

segura de sí misma y de su sexualidad, desnuda, pelirroja y con una actitud desafiante.

Cuando Munch quiere expresar pánico, las expresiones de los personajes son grotescas y

oscuras, pero que hacen cuestionarse al espectador el porqué de esos rostros. El qué estarán

mirando, que estaría situado donde observamos el cuadro.

Los personajes en primer plano compositivo parece que nos quieren contar algo, que se

acercan a contarnos qué le pasa, o simplemente quieren salir de las escenas en las que se

encuentran.

Uno de los paisajes que más abundan son los misteriosos bosques noruegos, que Munch dota

de tonalidades frías como verdes oscuros y otras más cálidas, como el magenta de los troncos

de los árboles, y la costa. En ocasiones, el artista ondula el paisaje, hace que fluya con las

pinceladas firmes pero fluidas que le otorga al cuadro. Son los colores los que delimitan, no

hay líneas aparentes. En sus obras nocturnas, el protagonista es el cielo, de un hipnotizante

azul verdoso.

En los años finales de su vida, las pinturas de Munch se centraron en situaciones cotidianas,

como escenas rurales, tanto en el campo como en el pueblo. Estas son escenas más coloristas

y con una gama más brillante de colores.

La serie de pinturas La sala verde, en la que parece darse una interesante narrativa contenida

en un espacio, en este caso la misma habitación; la podemos encontrar en la sección de

Melancolía. En ella, se suceden celos, asesinatos y una mujer llorando.

Otro tema en el que Munch se centró en su época madura fue en el cuerpo de las modelos.

Contrasta la manera de retratarlas en la sala dedicada a Desnudos con la mujer segura que

aparece en pinturas anteriores del noruego.

En definitiva, esta es una exposición que contiene algunas obras decisivas en la trayectoria de

Edvard Munch, mostradas con la tematización que tanto parecía obsesionarle a él, un pintor

que buscaba la expresión de sentimientos y emociones. La muestra se puede ver como

exposición temporal del Museo Thyssen hasta el 17 de enero de 2016. La Plataforma de

Divulgación Científica ha realizado un vídeo en el que Paloma Alarcó, comisaria de la

exposición, comenta diferentes aspectos de la obra del conocido pintor noruego. También hay

disponible una visita virtual.

Marco Bellocchio (1939) es uno de los escasos representantes de la modernidad cinematográfica europea de los años sesenta que continúa en activo. Su obra, que cuenta con algunos títulos de obligada referencia –especialmente su ópera prima I pugni in tasca (Las manos en los bolsillos, 1965)–, ha sido progresivamente olvidada en general, pero particularmente en el caso de sus aportaciones al cine documental. Una faceta poco conocida de su trayectoria que pese a resultar minoritaria en comparación con su obra de ficción, adquiere una notable relevancia. A lo largo de su amplia filmografía (que abarca cincuenta años y más de cuarenta títulos de diversa naturaleza), Bellocchio equilibra sus preocupaciones sociopolíticas, con una querencia por el surrealismo y por el mundo de la locura y de lo irracional. Esta combinación se plantea desde una perspectiva formal, especialmente en el caso de su obra documental, a través de la búsqueda de las fisuras y de los quiebros por los que se filtra ese halo poético y extraño que le fascina. La “curiosidad por lo irracional”, con la que él mismo define su naturaleza artística (1), es el método bellocchiano por excelencia para abordar los diversos universos a los que se aproxima, y que refleja su inconformismo genético con lo que le rodea, pero también consigo mismo y con su obra. Bellocchio hace gala de una coherencia a contrapelo que se basa precisamente en su insatisfacción permanente. Ya en su primera filmación directa de la realidad en su cortometraje de escuela, Abasso il zio (1961), Bellocchio muestra su incipiente obsesión sobre las fronteras existenciales, interrogándose por la misteriosa “vida” que puede albergar la quietud del cementerio de su localidad natal. Son estos límites aparentemente estancos los que constantemente quedan desdibujados en su cine: locura y cordura; vida y muerte; realidad y ficción. En el ámbito político, su carácter de francotirador sublima el objetivo inicial de los encargos que se le ponen por delante al calor de su breve pero convencida militancia en un grupo de extrema izquierda de signo maoísta. Es durante este periodo, en 1969, cuando lleva a cabo sus dos primeras aportaciones de signo documental, inscritas en el cine militante: Paola / Il popolo calabrese ha rialzato la testa, y Viva il primo maggio rosso e proletario, escueta filmación de una manifestación de obreros milaneses. Paola / Il popolo calabrese ha rialzato la testa (1969), –el más interesante de los dos trabajos, pese a que Bellocchio reniegue de él sin piedad–, contiene una mirada alternativa, contradictoria con el discurso oficial del film, que no tiene una explicación lógica, si atendemos a la adscripción ideológica del autor en ese momento. Bellocchio, consciente o inconscientemente –quizá alumbrado por su subconsciente, cuyo poder el mismo director defiende con absoluto ardor– termina traicionando brillantemente los rígidos esquemas discursivos del proyecto cuya intención es mostrar la labor de concienciación de su agrupación con los desheredados de un pueblo de la Sicilia profunda. El sucederse de las imágenes, muchas veces montadas de forma brusca y sin cortes, buscando la máxima fidelidad al desarrollo de las diversas reuniones políticas o vecinales, revela paulatinamente el surgimiento de esa voluntad transgresora. La cámara indaga y reconstruye a partir de los acontecimientos, determinadas escenas que siendo verídicas, resultan irreales porque parecen construidas artificialmente para obtener un discurso paralelo que retoma temas de sus anteriores obras de ficción y apuntes de su universo particular, muy influido en ese momento por Pasolini y Buñuel. En su estilo libre y anárquico, Bellocchio no evita detenerse en los aspectos contradictorios de todo lo que muestra. Su espíritu inconformista le hace cuestionarse no solo los elementos previsibles contra los que se dirige su denuncia, sino también la propia acción política de la izquierda en la que se adscribe. Solamente en el comienzo, en que asistimos a un desfile comunista por las calles calabresas, la alegre marcha maoísta queda equiparada irónicamente con cualquier procesión religiosa popular. La cámara se aleja de los discursos sobrevolándolos, para centrarse en los rostros de los que escuchan; su aburrimiento, su incomprensión, su aire pensativo, también quizá esperanzado; en su humanidad en definitiva. Precisamente, en su siguiente obra documental, Bellocchio, al frente de un colectivo formado por Sandro Petraglia, Stefano Rulli y el montador Silvano Agosti, profundiza en el discurso político desde una perspectiva insólita, cada vez más cercana a la plasmación de un cierto realismo mágico extraído de la filmación directa de la realidad. El proyecto parte del análisis de la situación de los manicomios italianos y acaba elevándose como manifiesto y como reflexión sobre los límites entre razón y locura. Matti da slegare (Locos de desatar, 1975) es seguramente el mejor film del director en el ámbito documental, y para algunos autores como Aldo Tassone (2), la obra maestra de su filmografía en conjunto.

La película se articula como el relato de una lucha de clases mantenida entre enfermos, cuidadores y sociedad (3). La obra muestra el proceso de reconversión de los antiguos manicomios a partir de un determinado impulso político, y los efectos de las nuevas experiencias de integración social, de cuyas imágenes emana una poesía natural y auténtica. El propio Bellocchio define su film como “Un cine político, de participación, (…) una representación de una realidad directa pero, simultáneamente, interpretada políticamente” (4). El film queda definido por una puesta en escena que se circunscribe a la idea de dejar manifestarse libremente a los verdaderos protagonistas del experimento. Prima el hecho de mostrar antes que la preocupación por la forma en que se muestra. Lo que no deja de constituir efectivamente una apuesta estética muy consciente. El interés por los excluidos vuelve a plasmarse en el siguiente film documental realizado por el mismo colectivo capitaneado por Bellocchio, La macchina cinema (1979), que constituye un documental insólito sobre el mundo del cine. La película articula también un discurso político en torno a las piezas averiadas que el engranaje industrial del cine italiano va dejando a su paso. La serie documental de cinco episodios está protagonizada por actores caídos en desgracia, y monstruos de feria de los márgenes del proceso productivo, que desgranan su nostalgia. El film produce una cierta incomodidad porque la belleza poética, presente en su anterior trabajo, da paso a un cierto aire de manipulación artificiosa. La obra queda impregnada del patetismo de esos juguetes rotos, que terminan convirtiéndose de nuevo en sujetos explotados por el mecanismo, aunque en este caso se trate de una “máquina cinematográfica” marginal y de dieciséis milímetros. El abandono de la primera línea del activismo político provoca la ausencia de apuestas documentales –al menos, en el sentido tradicional– durante más de una década. Su experimentación, paralela o integrada en sus obras de ficción, se centra en la combinación de elementos de la realidad con los de la representación, lo que genera obras inclasificables, casi amateurs. Es el caso de la filmación de sus propias vacaciones familiares en Vacanze in Val Trebbia (1980), mediometraje poblado sin embargo de escenas simbólicas y reconstruidas, que tendrá su complemento en su reciente “work in progress” agrupado bajo el título ¿definitivo? de Sorelle Mai (2010). Una obra abierta, filmada entre 1997 y 2010, que mezcla de nuevo ficción y realidad, y que emplea a todos los familiares del director interpretándose a sí mismos. La única incursión de Bellocchio en el documental puro en la década de los ochenta es el ignoto film, Impressions d’un italien sur la corrida en France (1984), pieza que recoge una novillada durante la feria taurina de Nimes. Tras su luto ideológico de más de una década, Sogni infranti, Ragionamenti e deliri (1995), plantea la reflexión en torno al pasado italiano reciente a través de los testimonios de varios miembros arrepentidos de las Brigadas Rojas, y de varios políticos, que debaten sobre los orígenes y el colapso del terrorismo en Italia, pero también sobre la destrucción de los sueños revolucionarios. La sensación que produce este ejercicio es el de un exorcismo personal, dado que Bellocchio ha efectuado un trayecto ideológico similar. La inclusión de algunas secuencias de su film militante Viva il primo maggio rosso e proletario (1969), es una prueba sustancial de que el proyecto de Sogni infranti es en definitiva una entrevista especular. El núcleo fundamental del proyecto lo constituye la valoración por los diferentes intervinientes del caso Aldo Moro, por lo que el film se convierte en una investigación preliminar sobre su posterior obra cumbre, Buongiorno, notte (Buenos días, noche; 2003), que recupera algunos de los debates incluidos en este documental, como la constante equiparación entre dogma ideológico y fe religiosa. Un tema que constituye, precisamente, la base de otro de sus documentales coetáneos, La religione della storia (1998), obra que analiza, con fuerte sentido de denuncia y a partir de imágenes de archivo, el papel de la Iglesia italiana en los conflictos recientes. La nueva militancia paulatina de Bellocchio, parcialmente recuperado de su etapa psicoanalítica, le conduce a participar en los últimos años en algunos documentales colectivos de protesta contra el gobierno Berlusconi. Un mondo diverso è possibile (2001), coordinado por Francesco Maselli, agrupa a un colectivo de múltiples directores que muestran su visión en torno a las jornadas de protesta de Génova, durante la reunión del G8. La primavera del 2002, L’Italia protesta, l’Italia si ferma (2002), aprovecha la jornada de huelga general para organizar un video colectivo que canaliza el descontento del mundo cultural contra la figura del primer ministro conservador. La urgencia de la realidad, determina de nuevo que Bellocchio recupere el discurso político contemporáneo, y que, como puede verse en su último film Bella addormentata (2012), no repare en medios para desmontar la perversa sociedad adocenada a la sombra del siniestro Berlusconi, cuyas intervenciones reales a través de insertos de archivo, se alternan constantemente con la historia de ficción construida a tal efecto por el autor. El recorrido circular de la obra de Bellocchio, la confluencia de realidad y ficción, “un largo y contrastado trayecto, lleno de referencias cruzadas y citas, hecho de continuos retornos” (5) se cierra de momento en su cortometraje documental Addio del pasato (2002). Si la muerte del protagonista emblemático de su primer film –Alessandro (Lou Castel) en I pugni in tasca– se sucedía al son de La traviata de Verdi, son las mismas notas de esa ópera, las que trazan el recorrido por la música, la tierra y la historia, en la última incursión documental del director hasta la fecha.

Jiménez de las Heras presenta su documental sobre la Antártida

José Antonio Jiménez de las Heras entra en una de las aulas complutenses. Hasta ahí todo normal porque el coordinador de UCM TV lleva en su ADN los Cursos de Verano. En sus 16 ediciones de esta cita sanlorentina, él y su equipo han llenado de imágenes las parrillas de las televisiones nacionales e internacionales sobre lo que se cuece en estos seminarios. La diferencia esta vez es de posición, de espacio… Él está en la mesa de ponencias; por primera vez es el protagonista y no el que recoge los ecos de las personalidades de la cultura, la ciencia y la política.

La actividad extraordinaria en la que está implicado Jiménez de las Heras es la presentación en los Cursos de Antártida, un continente para la ciencia. Producido por la Universidad Complutense (UCM), en colaboración con la Plataforma de Divulgación Científica y con la participación del Ministerio de Economía y Competitividad, y el Comité Polar Español; el documental, después de más de 25 años de la adhesión de España al Tratado Antártico, describe el presente y el futuro de la ciencia española en la Antártida. Más de 40 horas de grabación durante un mes que se han quedado en 50 minutos rigurosos y amenos.

José Antonio Jiménez de las Heras es el director –junto a Mar Marcos-, realizador y productor ejecutivo de un documental realizado “con pocos medios y poco personal, pero con un enorme cariño y talento” que marca la labor profesional de la Plataforma de Divulgación Científica. De hecho, gran parte de su equipo está en la presentación y marca el momento más emotivo al levantarse y saludar a los asistentes.

Con los investigadores de varias universidades españolas, entre ellas de la UCM, y de diversos centros de investigación como protagonistas, el documental muestra imágenes de extraordinaria belleza del viaje del buque Hespérides –en la campaña “Pegaso” y “Transpegaso”, cuyo objetivo es analizar la influencia del océano en las condiciones meteorológicas- y de las Bases Antárticas Españolas (BAE) Juan Carlos I y Gabriel de Castilla, ambas en las islas Shetland del Sur.

“Inhóspito e inaccesible”

En este trabajo de divulgación científico se habla de “un enorme desierto helado, un lugar donde no se pone el sol, inhóspito, inaccesible, pero mágico, donde rastrear entre hielos los orígenes de nuestro planeta”. El optimismo de los científicos, la traducción al común de los mortales de sus investigaciones, las condiciones duras del clima antártico, la belleza sobrecogedora del paisaje y su escasa fauna marcan el pulso del documental sobre “este continente vivo para la ciencia”.

Con los 15 kilos de su cámara al hombro, Jiménez de las Heras reconoce que estuvo “en territorio hostil, el más difícil donde he estado grabando”. De hecho, en la Antártida “vives todos los climas posibles y pasas en poco tiempo de la manga corta a estar tapado hasta las cejas”. En una ocasión, en una de las entrevistas del documental se formó una ventisca a escasos 25 metros de la base “y tardamos casi 30 minutos en regresar porque estábamos perdidos”.

Más allá del viento blanco de la Antártida, la rutina allí es “abrumadora; sientes un espasmo de belleza, y, empequeñecido, eres incapaz de procesar esas imágenes”. La condensación de las lentes y las jornadas de trabajo de hasta 18 horas al día fueron las “pesadillas” del trabajo in situ del documental.

Jiménez de las Heras recuerda también como un momento duro cuando grabó con el agua hasta el pecho y en terreno pedregoso. Por una fuga en una bota, estuvo cinco horas con el calzado húmedo por dentro. “Me costó sentir el pie de nuevo”, señala.

En medio de la descripción de este “titánico” trabajo, el director de la Plataforma Científica también quiere compartir cómo puede influir el aislamiento de la Antártida en el día a día. Cuando estaba allí, a su padre le operaron de urgencia: “En cualquier lugar del mundo coges un avión y vuelves a tu casa rápido, allí a 13.000 kilómetros de España no resulta posible”.

Plataforma de Divulgación Científica

Las investigaciones sobre líquenes de Leopoldo García Sancho (UCM) o de Andrés Barbosa (CSIC) sobre los pingüinos son un ejemplo de la importancia de la ciencia y los científicos españoles “en aquel territorio de belleza fascinante y, esperemos, que eterna”.

“Llegar al continente antártico supone recuperar la sensación de viaje perdida en la eficacia del transporte aéreo. Navegar por el Mar de Hoces rodeado de los icebergs que anuncian la llegada del continente, observar de cerca a los pingüinos y a los elefantes marinos, contemplar el derrumbe de los bloques de hielo adheridos a los glaciares o mirar fascinado el intenso color azul del hielo centenario supone una experiencia única en la vida, un privilegio de silencio y lejanía cada vez más improbable en nuestro mundo de hoy”, comenta Jiménez de las Heras.

En la proyección del documental Antártida, un continente para la ciencia en los Cursos de Verano están también presentes Carmen Pérez de Armiñán, decana de la facultad de Ciencias de la Información, y Juan Tejada, vicerrector de Planificación y Evaluación Institucional de la Complutense. Mientras la primera elogia la imprescindible unión entre la investigación y la comunicación, el segundo confirma que la Plataforma de Divulgación Científica, cuyo próximo proyecto versa sobre “la ciencia cotidiana”, desempeñará “un papel muy destacado” en el plan de comunicación global de la Complutense. “Tomo nota, he captado el mensaje, prometo tener en cuenta la situación”, aclara Tejada.

Ebbaba Hameida denuncia el olvido internacional de la causa saharaui

Sin el deseo de dictar una lección histórica, pero sí con el propósito de denunciar el olvido de su pueblo en los foros públicos, la periodista saharaui Ebbaba Hameida participó en el curso Sociedades y culturas africanas hoy.

La causa saharaui está sufriendo, según Hameida, un bloqueo informativo que le impide tener  mayor visibilidad en los miedos de comunicación y en la memoria histórica española. Precisamente, ella decidió estudiar Periodismo para poder invertir esta realidad y poder concurrir a debates como el del curso dirigido por la musicóloga Isabela de Aranzadi: “Yo pertenezco a los saharauis de la diáspora, quienes, muchos con nacionalidad española,  alzamos la voz a favor de nuestro pueblo”.

Los saharauis, “los hijos de la nubes”,  que no están fuera de su lugar de origen se reparten entre los territorios ocupados por Marruecos, las zonas liberadas por el Frente Polisario y los campamentos refugiados en Argelia.

“Marruecos sigue marroquinizando este terreno después de haber dejado importantes secuelas –incluso se puede hablar de un genocidio en el pasado-“, manifestó. Hameida, ataviada con un colorido melfa, una prenda tradicional saharaui, denunció que Marruecos siga destinando, según ella, el 3 % de su PIB a un gran muro “de la vergüenza”.

Aunque reconoció la solidaridad del pueblo español y de la mayoría de los países africanos, Ebbaba Hameida instó a los políticos españoles, la comunidad internacional y la ONU a ir “más allá de la limosna” y cumplir sus responsabilidades con los saharauis.

Asimismo, la periodista, que recordó el “coraje” de las mujeres de su pueblo, relacionó las riquezas naturales del Sahara con la situación de los campos de refugiados, donde, desde hace más de 40 años, el pueblo saharaui, “en muy duras condiciones meteorológicas, sigue alimentando su esperanza”.

El director madrileño Carlos Vermut presentó su último film, ampliamente galardonado durante el último año

El impacto que supuso Magical Girl en el cine español fue considerable. En San Sebastián, ante el selecto jurado de su festival, la película desbancó a otras propuestas —con más medios y apoyo mediático— para llevarse la Concha de Oro al mejor largometraje y la de Plata al mejor director, toda una sorpresa que encumbraba a Carlos Vermut (Madrid, 1980) como uno de los creadores jóvenes con mayor proyección del panorama nacional.

Las críticas fueron unánimes, suscitando elogios por parte de todo el sector audiovisual. Almodóvar calificó el trabajo como “la gran revelación del cine español en lo que va de siglo”. La prensa especializada pareció encontrar, de manera unánime, una joya oculta al emplear adjetivos como “fascinante”, “hipnótica”, “sugerente” o “elegantemente austera”. Es, en definitiva, el despegue definitivo de un director que había visto como su ópera prima, Diamond Flash, de escasos medios y obligada autoproducción, dividía a los espectadores entre la curiosidad y la desidia.

El creador madrileño, que presentó el film dentro del ciclo “Nuevos Realizadores” en los Cursos de Verano Complutense, se mostró convencido del papel activo del espectador a la hora de “reconstruir las películas a través de elementos que el director decide no mostrar”. Así, y como ya se ha visto a través de sus películas, Vermut disfruta creando un “puzzle” que juega con los elementos que se sugieren, sin llegar a ser mostrados.

Uno de los aspectos sobre los que el director siempre trabaja, la unión entre elementos clásicos y modernos, fue justificado como “una mezcla de natural de estilos”, ya que la propia realidad ofrece continuos contrastes “entre lo tradicional y lo freak”. Además, el realizador defendió el sutil uso de la violencia y el sexo en su cine, afirmando que “no me interesa mostrarlos como mero espectáculo”. Vermut también tuvo tiempo para hablar de su nuevo proyecto, desmintiendo los rumores que apuntaban a que su título sería “El retrato de una dama”. El guion de este último trabajo, que verá pronto la luz, volverá a contener elementos de misterio y girará esta vez en torno a “tu identidad cuando te ves envuelto en el mundillo de la fama”.

El director tampoco descartó la posibilidad de dar el salto a rodar en inglés, aunque siempre dependiendo del proyecto: “No me parece mal. Lo malo de hacer películas por encargo acaba siendo que las productoras te encorsetan a la hora de trabajar”.

El cineasta defendió a Grecia afirmando que “no se puede humillar a un pueblo de esa manera”

José Luis Cuerda nunca esquiva la polémica. El director, guionista y productor sigue activo en el análisis de la actualidad, bien sea hablando de política, cine o lo que se le ponga por delante. El director albaceteño se mostró crítico con las políticas globales, afirmando que “es obligatorio moralmente, políticamente y económicamente ser antisistema”. Amparándose en las desigualdades, Cuerda calificó al sistema de “mierda” y “genocida”, asegurando que “se han creado unas estructuras para que los pobres sean más pobres y dependientes de los ricos”. Asimismo, calificó la llegada de Colau y Carmena como “un alivio” y reconoció su satisfacción al ver que “la derecha se ha cagado, algo que se ve porque se han vuelto desesperados mintiendo”.

Respecto a Grecia, Cuerda atacó las políticas comunitarias afirmando que “los mismos que falsificaron las cuentas para entrar en la Unión Europea son los que ahora están pidiendo que se cumplan las responsabilidades”. Además, el director de La lengua de las mariposas, quiso destacar la deuda que toda la cultura occidental guarda con el pueblo heleno: “Les debemos la manera buena de pensar. Les debemos la democracia. No se puede humillar a un pueblo de esa manera.”

Debido a su extensa trayectoria, en diversos cargos y siempre tras la cámara, el cineasta valoró positivamente la situación del cine autóctono. “Al cine español lo veo muy bien”, explicó Cuerda, “la escuela andaluza y la catalana tienen una salud estupenda”. El cineasta, que participó en el curso La transición a través de la cultura y las artes, hizo un alegato en favor de las nuevas generaciones: “No es una cuestión de recursos, sino de talento. Con talento y pocos medios se han hecho películas excelentes, mientras que con muchos medios y poco talento se hacen unas tonterías enormes y muy vistosas, pero que no valen para nada.”

Un curso repasa la obra del director de cine español más universal

El crítico, director de cine y exdirector general de Cine entre 1986 y 1989, Fernando Méndez-Leite, participó en el curso Pedro Almodóvar: cine del deseo, deseo del cine, ahondando en la figura y en los comienzos de la obra del cineasta manchego, que “reflejaba un cambio radical en la visión que se tenía de la sociedad española en el extranjero”, afirmó. “El cine de Almodóvar era la libertad más absoluta, la amoralidad más absoluta donde nada se juzga, todo vale y todo se habla con total normalidad, incluso respecto a las cosas más increíbles”, destacó Méndez-Leite.

Películas como Pepi, Luci Bom y otras chicas del montón (1980); Laberinto de pasiones (1982); Entre tinieblas (1983); Qué he hecho yo para merecer esto (1984); La ley del deseo (1987) y sobre todo Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), supusieron para el crítico toda una eclosión de Almodóvar en el cine patrio que le llevó a la consecución de dos premios Oscar de Hollywood en años posteriores, catalogándolo ya como un cineasta universal. “Era asombroso –recuerda Méndez Leite- a Carmen Maura la paraban por las calles de Nueva York, algo realmente sorprendente porque hasta ese momento el cine español no había salido al exterior apenas nada”.

Méndez-Leite, destacó de Pedro Almodóvar también “su propio personaje”, ya que el autor “vendía muy bien sus productos desde el primer momento. Pedro siempre ha sido, no diría yo un encantador de serpientes, pero ha contado muy bien lo que hacía y se ha contado muy bien a sí mismo, porque tiene una personalidad brillante”.