A Costa-Gavras (Atenas, 1933) lo hemos visto profundamente involucrado en temas históricos, sociales y políticos a lo largo de su brillante y fructífera trayectoria cinematográfica. Sus películas han sido premiadas con tres Óscars, La Palma de Oro, el Premio al Director y el del Jurado del Festival de Cannes, un Oso de Oro en el Festival de Berlín y un César, entre otros muchos galardones.
Este director, nacido en Grecia y establecido en Francia en su juventud, nos muestra la realidad, muchas veces cruel, de la vida con personajes cuya angustia traspasa los límites de la pantalla. Porque, ante todo, Costa-Gavras es un director que revela los abusos, la injusticia y la opresión desmesurada sufrida en el mundo. Por ello, sus largometrajes se convierten en herramientas de compromiso, sin renunciar al espectáculo, y en donde el espectador percibe la valentía y el talento del cineasta.
La película que le otorgó a Costa-Gavras la fama internacional es Z (1969), una adaptación de la obra de Vassilis Vassilikos, con guión del escritor y político español Jorge Semprún, que recrea el asesinato político de un diputado orquestado por los poderes del estado. Este filme fue premiado con dos Óscars, a la mejor película de habla no inglesa y al mejor montaje. Posteriormente, el cineasta griego mostraría los horrores del estalinismo en La confesión (L’aveu, 1970), y la actividad de la guerrilla tupamara y las implicaciones de la CIA en Latinoamérica en la extraordinaria Estado de sitio (État de siège, 1972).
No ajena a la polémica y con un resultado magnífico que le valió un Óscar al mejor guión adaptado y la Palma de Oro de Cannes, su película Desaparecido (Missing, 1982) es una afirmación de su compromiso con la verdad. La trama, ambientada en Chile durante el golpe de Pinochet, narra la historia real de la desaparición de un norteamericano, buscado sin descanso por su padre y su esposa (unos extraordinarios Jack Lemmon y Sissy Spacek), y pone el foco sobre la colaboración norteamericana en el derrocamiento de Allende.
La caja de música (Music Box, 1989) fue valedora de un Oso de Oro. Jessica Lange interpreta a una abogada estadounidense que afronta la defensa de su anciano padre, un emigrante húngaro que es acusado de haber cometido crímenes de guerra durante el nazismo.
La polémica continúa en Amén (Amen, 2002). El largometraje aborda el silencio y la indiferencia del Vaticano ante el genocidio nazi. El cineasta quiso subrayar que no pretendía juzgar a nadie, sino plantear interrogantes sobre la condición humana y mostrar la resistencia contra los silencios ante las brutalidades cometidas.
En su última película, El capital (Le capital, 2012), el cineasta retrata la política y el consentimiento del poder ilimitado de los bancos, a la vez que reflexiona sobre el devastador modelo que ha conducido a la crisis económica. En una entrevista a colación de este filme, el director expresaba su postura ante la crisis de nuestro tiempo: “Lo único que puede salvar a Europa es situar la cultura y la educación por encima de la economía”.