Hasta el 19 de junio el Museo Thyssen-Bornemisza presenta la primera retrospectiva  en Europa sobre Andrew y Jamie Wyeth. La exposición, comisariada por Timothy Standring, conservador de pintura y escultura de la Gates Foundation del Denver Art Museum, nos brinda la oportunidad de conocer la vida y la obra de dos representantes del realismo americano del siglo XX.

Toda una vida manteniendo su arte próximo a las personas, los objetos y los lugares que giraban en torno a su mundo. Esa fue la clave de estos dos artistas, padre e hijo, que se refugiaron en los retratos y en las escenas cotidianas para manifestar su soledad. Los Wyeth consideraban que para pintar perfectamente algo o a alguien era necesario conocerlo a fondo. Por esta razón, sus modelos fueron, en su mayoría, familiares, amigos y vecinos.

Los Wyeth inmortalizaron los paisajes de Pensilvania y las localidades costeras de Maine con un significado íntimo para ellos. A lo largo del recorrido se pueden comprobar los rasgos individuales característicos de cada uno. Mientras que a Andrew le fascinaban los temas ordinarios, y por eso a veces relegados,  a  Jamie le obsesionaba encontrar el lado extraño de las cosas que las convertía en peculiares.

A pesar de ser prácticamente desconocidos en España, “ambos encarnan la americanidad en el arte”, como declaró Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen. La exposición está planteada siguiendo la temática de sus obras: los retratos, los lugares compartidos, los animales domésticos y una serie de desnudos. Las características propias de las composiciones parecen obedecer a la necesidad de resaltar la fisonomía y las poses para lograr un cariz intimista. En definitiva, el realismo americano de los Wyeth insiste en la búsqueda de momentos fugaces que evocan reiteradamente la inmortalidad del arte.

El espíritu legendario del género western enlazó enseguida con la historia nacional de los Estados Unidos.  Sin embargo, esta visión patriótica hallada en los films de indios y vaqueros tuvo un poco antes su versión pictórica. El Museo Thyssen-Bornemisza acoge, desde el 3 de noviembre hasta el 7 de febrero del 2016, la exposición “La ilusión del Lejano Oeste”. Se trata de una muestra sobre el legado de una serie de artistas de finales del siglo XIX  que se involucraron en un viaje fascinante para conocer y mostrar  los paisajes y la vida de los indios americanos. Esta exposición atípica llevará al visitante por un recorrido etnográfico único, que llenó el género western de determinados mitos visuales.

El enfoque épico del cine western, marcado por la literatura y la pintura, nos presentaba a unos personajes estereotipados llenos de simbolismo. De esta manera, las películas western habitualmente mostraban a los indios como amenaza. En esta exposición, que es un reflejo de la base icónica del cine, los artistas crearon un escenario visual distinto donde los indios americanos aparecen como parte del paisaje y se resisten a la amenaza destructiva del hombre blanco.

Un caso atrayente fue el de Frederic Remington, que configuró una expresión alternativa protagonizada por su atracción por la luz y por los caballos. Su obra Señal de fuego apache está dedicada a la tribu y representa una imagen nocturna de un indio solitario a caballo, cuya única fuente de luz proviene del fuego. A pesar de que su mirada es realista, absorbió influencias del Impresionismo.

La muestra del Thyssen alberga, además, una asombrosa colección de fotografía de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos en Washington. Se debe tener en cuenta que los fotógrafos ejercieron una gran influencia en la imagen que los estadounidense se forjaron del Oeste. El máximo representante de la fotografía etnográfica de los indios americanos fue Edward S. Curtis. Gracias a un magnate del ferrocarril, Curtis tuvo la posibilidad de acudir a una expedición científica por Alaska y posteriormente a Montana. Tras estos viajes, se originó su enorme interés por las tribus indias. Curiosamente, acabó trabajando en películas como Los diez mandamientos y Buffalo Bill. Otra aportación ha sido la recibida por la Filmoteca Española, cuyos carteles cinematográficos resultan muy atrayentes para cualquier admirador de las películas del Western.

El conjunto de obras de esta exposición posee un valor testimonial excepcional donde se observa que los artistas fueron conscientes de la importancia histórica y humana de su experiencia. Su audacia reside en la creación de unas señas de identidad y, fundamentalmente, en haber logrado que las culturas nativas norteamericanas se conviertan en un recuerdo perdurable en nuestra memoria.