La voz de dos pueblos fronterizos
Ene 20 | 16:44admin

Galilea y La Poza son dos comunidades de la Amazonía peruana. Galilea es wampis. La Poza es mestiza. Ambas comunidades están separadas por la Calle de la Unión. Y por algunas otras cosas.

Cuando César y Dominga llegaron a La Poza, apenas había unas casas levantadas. Ellos fueron de los primeros matrimonios mestizos en asentarse. Movidos por una dura sequía en el interior del Perú, que se prolongaba ya cuatro años, se vieron obligados a vender todo lo que tenían y emprender con sus tres hijos el camino hacia una tierra más próspera. No fueron los únicos, en aquella época el gobierno peruano animó a la gente de distintos departamentos del país a poblar estas zonas ‘semi-deshabitadas’ prometiendo servicios públicos y sociales y preconizando un gran desarrollo para el lugar. Todo quedó en agua de borrajas. Hoy, casi 50 años después, la zona vive en el atraso y aislamiento, con una falta total de servicios públicos y tres horas de electricidad al día.

Alfonso Graña es wampis, fue de los primeros en llegar a Galilea, – fundada por los viejos sabios con el nombre de Pichu Pich en las orillas del río Santiago, río Kanús. Llegó en 1962 con la idea de abrir una escuela bilingüe, castellano-wampis, y de fundar un nuevo asentamiento para su gente.

Las diferencias entre ambas comunidades, predestinadas a convivir y sobrevivir en la Amazonía, fueron evidentes desde el principio. No solo el idioma y la cultura habrían de chocar; dos formas diferentes de entender la vida se miraban cara a cara. Acaso alguna mejor que la otra, no se puede afirmar. Para los nuevos colonos de La Poza los nativos wampis vivían en el atraso total, una economía de subsientencia basada en pequeños cultivos, caza y pesca. Estos colonos mestizos llegaron con la idea de explotar tierras y sacar de ellas mayores beneficios. En ese momento, los indígenas pelearon para no perder territorio y muchos de ellos se convirtieron a la doctrina capitalista de los recién llegados y comenzaron a hacer más chacras para sacar beneficios de ellas.

Siglos de convivencia sostenible con la naturaleza entran en peligro. Los animales desaparecen, el río – fuente de alimento, higiene, transporte, diversión- se queja a gritos. El indígena Don Alfonso Graña defiende que ésa no es la manera de relacionarse con la naturaleza, si agotan los recursos, ¿de qué vivirán sus hijos?

En la encrucijada de una crisis mundial, tenemos ante los ojos un dilema escalable a todos los niveles, debemos seguir hacia delante para maximizar beneficios a costa de unos recursos naturales y humanos exhaustos o tenemos que pactar con la naturaleza y nosotros mismos para obtener solo lo necesario y no llegar al agotamiento?

Este conflicto, latente desde tiempos remotos, se pone de relieve en el momento actual en el que, también en sociedades occidentales capitalistas, hay pensadores que plantean un decrecimiento para que el río vuelva a su cauce.

Kanús es un documental que cuenta la historia de un indígena, Alfonso Graña, y un mestizo, César López, que luchan por preservar su propia identidad en el territorio que ambos fundaron. Frente a la misma falta de oportunidades, ellos encarnan dos modos de vida enfrentados.

Cuentan los viejos que, hace años, los brujos descubrieron en las profundidades del río Kanús el pueblo de Pichu Pich. Hoy, en ese mismo lugar del Amazonas peruano, existe una pequeña y aislada comunidad donde la necesidad ha unido a indígenas y mestizos. Separadas por la calle de la Unión, dos formas opuestas de entender la vida están condenadas a entenderse.

En las orillas del río Kanús, dos sillas vacías les esperan.

El cortometraje documental, que ha sido postproducido en la Plataforma de Divulgación UCM acaba de terminarse y comienza ahora su andadura por festivales y muestras de cine.

Desde Cinestesias esperamos que llegue pronto a ustedes y lo disfruten tanto como el empeño que hemos puesto en su realización.

Texto: Laura Jiménez Almendros.

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